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El Madrid topa con Diego Alves

Actualizado el 19/08/2012 21:15                Compartir

Estreno de atasco y calor de bochorno en el Bernabéu. La falta de puntería y la eficiencia de un portero como Diego Alves provocó un reparto de puntos de un Real Madrid sin exceso de agresividad ni de energía frente a un ordenado Valencia de Pellegrino, al que le salió redondo su plan de contención. Con Cristiano y Özil, de pocas apariciones, la efusividad de Di María y la entrada de Benzema fue lo más destacado en un grupo que, al margen de las ocasiones derrochadas, aún no tiene a punto ni la velocidad de circulación ni la pegada que le hicieron temible el curso pasado de los 121 goles y 100 puntos.
Misma dinámica, ninguna variación táctica, a expensas de que llegue o no llegue Modric, y mismas hechuras de equipo directo. Lass, de acompañante de Xabi en lugar de Khedira y el 'Pipita' Higuaín, en lugar de Benzema, en punta. Pellegrino achicó el espacio de juego a 40 metros, defensa adelantada. Se notó en los minutos de calibraje el escaso rodaje, poca finura sobre todo en los controles, también en la falta de velocidad continuada. Antes de los 10 minutos, Di María, ya en combustión, enseñó su catálalogo de decoración interior a la espalda de la defensa, asistente con arte. Puso a Higuaín delante de Diego Alves y a la tercera, tras dos manoplazos en mano a mano del portero, que le sacó uno abajo y otro a media altura desde el suelo, la empalmó a las redes a quemarropa. Higuaín garantiza goles y el público -dice él, motivo principal de su estancia en Chamartín- le regala cariño.
El Valencia acusó el golpe a la primera de los locales, lento en su circulación, parsimonia de Tino Costa y Gago. Feghouli y el lateral Joao Pereira hurgaban poco por el lado de Cristiano. Mathieu no se animó a molestar por la izquierda -Di María y Arbeloa- hasta pasado los 25 minutos. Ritmo bajo hasta un arreón con gran toque de Cristiano hacia la estampida de Coentrao, que se durmió en el área y Joao Pereira le estorbó lo suficiente para que el balón se marchase por el exterior de la red. A Özil le cayó a su pata de palo -la derecha- un pase atrás perfecto del CR7 para el embalaje.
Sesteaba el partido antes del descanso. Y de golpe, un accidente lo viró todo. Un gran centro desde la derecha de Tino Costa encontró la testa de Jonás, que se adelantó en su vuelo a Casillas. La cabeza de Pepe impactó en vuelo contra la sien de su portero, mientras el cabezazo del valencianista se marchó a la red con los dos madridistas en el suelo, groguis. Pepe fue vendado al estilo de los soldados de trinchera, Casillas, tocado, se tentaba cabeza y rostro. Y Mourinho esperó al descanso para analizar el golpe y recomponer el ánimo.
Albiol salió por Pepe mientras Casillas continuó en su portería. Soldado seguía el parte de guerra en un choque con Arbeloa que mosqueó a la concurrencia. A Di María se le escapó por un palmo un a un gran pase de Özil, que apareció una vez con el capricho de los genios. No está fino, ni a punto todavía el alemán. Apareció poco. Los Mourinho intentó desatascar con Benzema -por Lass- contra un visitante cómodo en su orden, sin prisa ninguna jugando a favor del reloj. El francés multimplicó las acciones de ataque de su equipo.
Apretó el local con el delantero francés que mejora casi todo lo que toca y con más ritmo. Y Cristiano empezó a aparecer más con el francés en el campo, más problemas para la tropa de Pellegrino. Jugada preciosa con asistencia de Di María, el más más activo de largo y generoso en sus esfuerzos, pero el cabezazo de Higuaín en carrera se fue al larguero con el portero ya batido. Se acumulaban las ocasiones cuando el Fideo se acalambró en una jugada en el área. Diego Alves le sacaba una raseada al palo de Özil tal y como venía. Acoso y derribo, embotelladado el visitante cuando Pellegrino insufló resistencia al quitar Soldado (por Parejo), y Callejón dio descanso al acalambrado Di María.
Y más remates y córners con un cuarto de hora por delante y un grupo visitante acuartelado alrededor de Diego Alves, el mejor de los suyos en una actuación bajo palos para enmarcar. Porque otra buena triangulación con pase atrás de Cristiano terminó con el portero visitante, soberbio, despejando el trallazo de Callejón, que picaba por la derecha. Así, quedaban pocas fuerzas para meter mano a un Valencia con oficio, dedicado a guardar el punto bajo siete candados. Unos perdían tiempo y los otros no les sobraban energías para más.

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