Deportes | SINCRONIZADA

Las sirenas, plata en el dúo

Actualizado el 07/08/2012 19:58                Compartir

Fue vibrante, tenso, emocionante, fue un hilo de vida lo que le dio a España la medalla de plata en el dúo de la natación sincronizada. Andrea Fuentes, al ver la puntuación, no supo ni sumar. 192.900. ¿Y China? ¿Cuánto tenía China? Pues tenía 192.870. "¿Plata? ¿Plata?" preguntaban Andrea y Ona a Anna Tarrés, que cuando quiso sacar la calculadora mental lo confirmó. Eran medalla de plata, salvando una desventaja que parecía demasiada antes del inicio de la final. Lo hicieron. Estas chicas nunca fallan.
A este paso, la natación sincronizada jamás se irá de la memoria colectiva del deporte español, algo impensable hace una década. Y no, ya no está Gemma Mengual, comentarista televisiva aquí en Londres, alma que no parte ya del equipo. Sin embargo, la senda no va a cerrarse mientras Anna Tarrés siga al frente. Y tiene cuerda para rato. Cuando se marchó Gemma se 'inventó' a Ona Carbonell y listo. Hay cantera. Poca en lo cuantitativo, pero hay. Y con esos mínimos hoy en Londres la sincronizada ha vuelto a triunfar. La medalla de plata del dúo que forman Carbonell y Andrea Fuentes lo demuestra, aunque el sabor es medio amargo pues creen merecer la plata, así de ambicioso resulta este dúo.
Esta plata, por detrás de Rusia, cómo no, y por delante de China, viene a reafirmar, una vez más, el trabajo de unas 'locas' que ya no son anónimas. Al contrario que otros deportes, sólo en los focos durante los Juegos Olímpicos, las niñas de la 'sincro' han conseguido que la gente pregunte por ellas más o menos habitualmente, se encuentran bien recibiendo a periodistas en sus instalaciones del CAR de San Cugat de vez en cuando, y salieron la piscina del Aquatics Centre con una sonrisa enorme.
Funcionó el tango. Vaya que sí. Las gradas se pusieron patas arriba -dentro de la frialdad inglesa para con este deporte- y a las jueces no les quedó otra que rendirse ante la creatividad, la imaginación y la transgresión, al fin y al cabo, de unas iluminadas como Tarrés y sus niñas. Frente a la perfección rusa y a la sobriedad mecánica de China, 'La cumparsita', sus trajes, su descaro, su modo desinhibido de nadar, la fe, las horas y las lágrimas interminables en los entrenamientos, cuatro años de trabajo plasmados en una medalla de plata que iguala la de Pekín, y ya sin Gemma Mengual.
Y lo mejor es que la aportación de la sincronizada no ha terminado todavía. Con un día de descanso -descanso mentiroso pues habrá entrenamiento, y no ligero- el equipo persigue la otra medalla a partir del jueves. La final del viernes, nadie lo duda, volverá a traer premio en la piscina, de igual manera que lo trajo en Pekín, donde también fueron plata.

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