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El oro es para el anfitrión

Actualizado el 05/08/2012 19:05                Compartir

Andy Murray se ha cubierto de oro ante su propio público. En el día más brillante de su carrera de tenística, el escocés ha jugado con una gran determinación y ha barrido de la pista a un irreconocible Roger Federer en tres sets en la final del tenis masculino en los Juegos.
Un mes después de su derrota en Wimbledon, esta vez a techo abierto y bajo un sol resplandeciente, Andy Murray ha puesto fin a su fama de eterno príncipe (cuatro veces finalista y cuatro veces perdedor de un Grand Slam) y se ha convertido en rey indiscutible de la pista central, que parecía estar hecha a su medida.
El escocés ha jugado con toda la convicción que hasta ahora le había faltado en su carrera, con una exhibición de bolas cruzadas y una agresividad inusitada al resto que le impidió a Federer entrar en el partido. Casi una hora estuvo el suizo sin anotar un juego entre el primer y el segundo set, algo sin duda insólito en una carrera cargada de triunfos y en la que faltaba –y seguirá faltando- el oro olímpico.
Murray arrancó ejerciendo una tremenda presión de entrada sobre el suizo. Con 3-2 a su favor, y después de haber desaprovechado dos bolas de “break”, el escocés consiguió romper finalmente el servicio a Federer y tomó el mando del partido con gran notoriedad, a pesar de sus problemas con el primer saque. Como en su encuentro contra Del Potro en semifinales, Federer tuvo problemas con el revés y con la volea, subió frecuentemente a destiempo y estrelló más bolas de lo habitual en la red.
En apenas 27 minutos, y con Federer de nuevo al saque, el escocés dispuso de una bola de set y no la desaprovechó, con un revés paralelo que levantó al público de sus asientos y dejó el marcador en 6-2.

El tercer juego del segundo set

Murray siguió jugando con gran consistencia en la segunda manga, con tanta agresividad como movilidad en el fondo de la pista, y con la determinación de no dejar entrar en el partido al suizo, que cedió del nuevo el saque y arrancó la segunda manga con un 2-0 en contra que le costó remontar.
La clave del partido estuvo sin duda en el tercer juego de la segunda manga, con Murray luchando por rematar al servicio y Federer intentando desesperadamente entrar en el partido. Hasta siete bolas de 'break' tuvo el helvético en su muñeca, pero el escocés defendió el saque con las uñas y se marchó con las velas hinchadas hasta un letal 3-0 a su favor, y de ahí fácilmente al 6-1.
Federer se desquitó con un juego en blanco a la entrada del tercer set, pero Murray siguió empeñado en no ceder el timón ni un solo momento en la que iba a ser sin duda la tarde más memorable de su vida. Con 4-2 a su favor tuvo incluso una doble ocasión para volverle a quebrar el saque al suizo y dejar sentenciado el partido. Cedió al final y prolongó tan sólo un poco más la agonía del suizo, que se conformará con la plata.

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