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Los ecologistas denuncian que la autopista de Campos i Llucmajor es un vertedero de residuos en línea

Los ecologistas denuncian que la autopista de Campos i Llucmajor es un vertedero de residuos en línea

Actualizado el 05/12/2019 13:52                Compartir

Las entidades GOB, Amigos de la Tierra, Ecologistas en Acción, Terraferida y Salvem Portocolom apoyando la Plataforma antiautopista de Llucmajor-Campos, rechazan la respuesta que ha dado la Consejería de Medio Ambiente del Gobierno de las Islas Baleares, a la denuncia formulada para todas ellas el pasado mes de agosto. Asimismo, lamentan el silencio vergonzoso que el Consejo de Mallorca -passats tres meses- ha dado como respuesta a la denuncia que se le dirigió para los mismos datos, más amplia y extensa, ya que el Consejo de Mallorca es la administración responsable de la construcción de esta autopista.

Paralelamente esta semana del Consejo de Mallorca ha comenzado a verter, en plena alerta por inundaciones, las 140.000 toneladas de escoria con la que quiere construir la vía de servicio de la autopista Llucmajor-Campos. Tras dos meses de pausa el Consejo retoma los vertidos de escorias mientras la Consejería de Medio Ambiente da unas explicaciones que no satisfacen los ecologistas.

La respuesta de la Consejería, extensa y rellena de analíticas y consideraciones legales, insiste en demostrar que el vertido de más de 143.000 toneladas de escorias procedentes de los hornos de incineración de residuos sólidos de Son Reus, es inocuo para la población y el entorno, y que se está haciendo siguiendo procedimientos seguros y cumpliendo la normativa vigente.

La Plataforma y todas las Entidades que lo apoyan, valoramos que la Consejería de Medio Ambiente nos haya contestado a nuestra denuncia, pero seguimos estando convencidas de que la decisión de convertir la autopista en vertedero en línea de residuos posiblemente tóxicos es peligrosa para la población y el entorno natural, por las razones esgrimidas desde el principio. A grandes rasgos:
-no se garantiza que las escorias no sean tóxicas, pese a las magras analíticas de algunos metales pesados ​​(que de vez en cuando sobrepasan los máximos establecidos en otras normativas, ya que se ha tenido el atrevimiento de actuar sin haberlo reglamentado previamente, como es responsabilidad y competencia del Gobierno) y las aún más magros de contaminantes orgánicos (que no se han repetido desde de 2017) (no nos consta la existencia de analíticas de sales). Por más que se diga, no se ha hecho -ni se está haciendo- un seguimiento exhaustivo de la composición química de estos residuos.

Recordamos que ni se conocen los cientos de sustancias que se encuentran en las escorias, ni sus potenciales efectos perjudiciales sobre los organismos vivos si estas se incorporan a las redes tróficas, ni cómo se transformarán y se combinarán entre ellas en el futuro (cfr . Incineración y Salud, editado por Greenpeace). Valoramos positivamente el ofrecimiento de hacer unas nuevas analíticas, siempre que se tengan en cuenta estas consideraciones y -tanto el muestreo como las propias analítiques- puedan ser fiscalizadas por autoridades científicas neutrales y objetivas.

-no se han vertido de manera segura, ni las características del suelo son las más adecuadas. La cubierta asfáltica no es totalmente impermeable, ni se puede garantizar con total seguridad su correcto mantenimiento -a perpetuïtat- ni que nunca serán arrastradas por ningún aguacero o otro tipo de erosión. El acuífero y las tierras de cultivo están en peligro y se corre el riesgo de que el parque Salobrar, las salinas (de donde se extrae un producto alimentario) y el mismo medio marino, resulten gravemente contaminados. Recordamos que el Estado español ha firmado el convenio OSPAR 2020, por el que se obliga a no verter, a partir de este año, ni directa ni indirectamente, ninguna tóxico al medio marino ya actuar siempre siguiendo los criterios de PRECAUCIÓN, SOSTENIBILIDAD Y CERTEZA CIENTÍFICA (los tres obviados en esta obra).

-se hace una actuación irreversible. En caso de demostrarse los peligros que ahora denunciamos, será imposible restituir el estado original -net- del entorno en el que debe vivir nuestra población y las futuras generaciones, que se verán seriamente comprometidas por el cúmulo de prácticas temerarias que hoy nos atrevemos hacer.

-denunciam finalmente la patraña que supone calificar esta operación, la de esparcir residuos tóxicos en el medio natural, como "economía circular". Si el método de incinerar desechos de todo tipo ha colapsado por su inviabilidad, la solución es abandonarlo, y no querer ocultar las peligrosas consecuencias todo burlando la ciudadanía.

Exigimos por tanto, que de forma inmediata se detenga el vertido que se está llevando a cabo de las 123.000 toneladas de escorias restantes y que sean vigiladas cuidadosamente las más de 20.000 toneladas que ya se han vertido irresponsablemente, para que no se sigan esparciendo, si no se retiran y depositan en un vertedero en condiciones de seguridad, lo que sería lo más sensato.

Exigimos al mismo tiempo, que la Administración explique a la ciudadanía qué pretendidas ventajas supone utilizar este residuo de la incineración, si no es poder deshacerse de un material incómodo que empieza a rebosar de sus depósitos, y con el que ya no saben que hacer.

Pedimos que de una vez y sin más dilaciones se redacte la normativa que regulará la gestión de los residuos destinados a la incineración (RSU), así como los que se generan en la combustión (cenizas y escorias) sin perder de vista la necesidad de abandonar la incineración a corto plazo. Se debe desarrollar esta normativa aplicando la propia Ley de Residuos, recientemente aprobada, con criterios estrictos y restrictivos, pensando en la seguridad de la población, las generaciones futuras y el entorno, de modo que sea imposible seguir actuando de manera tan temeraria como hasta ahora. La incineración es una mala opción que se debe abandonar lo antes posible en beneficio del reciclado.

Rogamos que se inicien urgentemente las tareas de reparación y restitución del medio, de la masa forestal y el paisaje arrasados, como predica la recientemente aprobada y ya ignorada Ley de Cambio Climático, y que se respete el antiguo sistema de canalizaciones, sumideros y simas de desagüe, todo patrimonio de nuestro pueblo.
Nos manifestamos de nuevo, y no nos cansaremos, contrarios a la construcción de la autopista, a las indeseables -por insostenibles- dinámicas y economías que se generarán, y los métodos de engaño y ocultación empleados por la administración -la que debería protegerse tan alejados de la sempiterna promesa de transparencia.

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