¿Y si trabajar en un hospital no fuera relevante en la tasa de infecciones en sanitarios?

Es posible que cuando Fernando Simón se refiriera al número de contagios entre los profesionales sanitarios afirmando que habían adquirido un aprendizaje con respecto a la primera ola y que tenían un mejor comportamiento evitando contagiarse fuera de su espacio de trabajo, no hubiera leído una investigación llevada a cabo en el Hospital 12 de Octubre de Madrid o, a lo mejor sí. En dicho informe, que se prepublica en medRxiv y que no ha sido revisado por pares, se concluye que la tasa de infección por el coronavirus SARS-CoV-2 del personal sanitario analizado en el estudio podría ser un indicador de la dinámica de la epidemia en la comunidad. Porque, aseguran, «parece haber una estrecha conexión entre la infección de los trabajadores de la salud y la transmisión en la comunidad». Es decir, aunque los investigadores no pueden excluir que el hecho de trabajar en un entorno hospitalario sea un factor de riesgo adicional de infección por SARS-CoV-2, «las proporciones similares de casos positivos entre todas las áreas del hospital y la ola evolutiva de infección, en comparación con la comunidad, son argumentos claros y contrarios a considerar el riesgo laboral como un factor determinante». Y añaden: «Pruebas exhaustivas, como la que se realizaron en nuestra institución, que cubre a más de un tercio de todos los trabajadores, podrían servir como referencia de la población infectada en la comunidad». Las proporciones similares de casos positivos entre todas las áreas del hospital y la ola evolutiva de infección, en comparación con la comunidad, son argumentos claros y contrarios a considerar el riesgo laboral como un factor determinante ¿Significa esto que Simón tenía razón cuando dijo lo que dijo y que le valió que el Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos (CGCOM) solicitara su cese inmediato? El autor principal del trabajo, Rafael Delgado, ha declinado hablar con ABCSalud, pero en su trabajo los autores escriben que el estudio no halló diferencias estadísticamente significativas en la proporción de detección de PCR positiva para SARS-CoV-2 entre los trabajadores sanitarios de áreas de alto riesgo y con contacto con pacientes covid-19 en comparación con personal de oficina, administrativo o de laboratorio sin contacto directo con los pacientes. «Las curvas de evolución de casos acumulados entre pacientes y personal sanitario durante marzo de 2020 mostraron una forma casi paralela». Y, aunque hubo algunos casos de transmisión altamente probable de pacientes con covid-19 a los sanitarios, principalmente en la primera fase de la epidemia, no hubo diferencias significativas en las tasas de infección del personal sanitario y hospitalario que puedan estar relacionadas con el trabajo en áreas de alta incidencia y mayor riesgo de exposición. Además, la evolución de los casos durante el mismo período de tiempo (marzo de 2020) entre los pacientes que acudieron a urgencias y el personal del hospital sugiere que ambos grupos fueron impulsados por la misma dinámica. El primer caso de covid-19 en el Hospital Universitario 12 de Octubre fue confirmado el 1 de marzo. Se trata de un gran hospital público con 1.200 camas, para más de 400.000 habitantes en el sur de Madrid y al que la pandemia embistió con todas sus fuerzas en la primera ola . Desde el inicio de la epidemia, el Servicio de Seguridad y Salud Ocupacional del citado hospital organizó la consulta y prueba del personal hospitalario con exposición confirmada y también a aquellos que presentaban síntomas de infección respiratoria viral. Para el diagnóstico molecular de la infección se hicieron test PCR a los casos sospechosos ya desde el 25 de febrero. Así, de un total de 6.800 empleados del hospital, 2085 (30,6%) fueron evaluados durante el período comprendido entre el 1-29 de marzo de 2020, algunos de ellos repetidamente (2.286 muestras en total). El primer trabajador sanitario infectado se certificó el 9 de marzo. Y a fecha del 29 del mismo mes se confirmó que un total de 791 trabajadores del hospital, incluido personal no sanitario, estaban infectados, lo que representa el 38% de los examinados y el 11,6% de todos los trabajadores del hospital. Los resultados tienen importantes implicaciones para estimar con mayor precisión el número real de casos en la comunidad y desarrollar políticas de salud pública para la contención, el tratamiento y la recuperación Asimismo, se estimó la proporción de individuos infectados entre los diferentes grupos de exposición ocupacional y se comparó la evolución de los casos durante la ola expansiva epidémica entre el personal sanitario y los pacientes que acudieron al Servicio de Urgencias durante el mismo período. Los autores concluyen que los resultados contrastan con las cifras oficiales que circulan a nivel nacional e internacional. Y, además, «tienen importantes implicaciones para estimar con mayor precisión el número real de casos en la comunidad y desarrollar políticas de salud pública para la contención, el tratamiento y la recuperación». Un total de 72 médicos y médicas han fallecido en el ejercicio asistencial desde marzo, una profesión que además reclama que la infección por el virus SARS-Cov-2 sea reconocida como enfermedad profesional Esta experiencia es similar a la comunicada desde Wuhan verificada por la Misión Conjunta de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y también de las experiencias recientes en un hospital en los Países Bajos, donde la mayoría de las infecciones de trabajadores sanitarios se relacionaron con contactos domésticos o comunitarios. Lo cierto es que España está a la cabeza de personal sanitario fallecido durante la pandemia. Según la organización médica, son 72 médicos y médicas fallecidos en el ejercicio asistencial desde marzo, una profesión que además reclama insistentemente que la infección por el virus SARS-Cov-2 sea reconocida como enfermedad profesional

La audaz estrategia para acabar con la hepatitis en España: usar la campaña de vacunación de covid-19

Una actuación «audaz pero posible» es por la que apuestan los expertos para recuperar los meses perdidos en la eliminación del virus de la hepatis C (VHC) en nuestro país. Se trataría de aprovechar los test masivos y la campaña de vacunación fente a la covid-19 para identificar a aquellas personas portadoras del virus. Expertos reunidos en la jornada virtual celebrada por la Alianza para la Eliminación de las Hepatitis Víricas en España, AEHVE, con motivo con motivo de la European Testing Week y en el marco de su programa #HepCityFree, Ciudades Libres de Hepatitis, estiman que la experiencia y los avances en pruebas diagnósticas propiciados por la pandemia pueden ser de utilidad y aplicables a las estrategias de microeliminación. Los expertos proponen convertir el impacto negativo de la pandemia en una oportunidad positiva para la estrategia de macroeliminación (en población general). ¿Cómo? Aprovechando para el diagnóstico del VIH y las hepatitis B y C las pruebas serológicas previas que serán necesarias en la vacunación frente a la covid-19. Una posibilidad que, a pesar de las dificultades, consideran factible y que reforzaría el liderazgo de España en la carrera de las grandes naciones comprometidas con el objetivo de la eliminación de la hepatitis C. La directora del Plan Nacional de VIH y hepatitis C, Julia del Amo, ha señalado que «la pandemia nos ha enseñado que es posible descentralizar la atención y las pruebas médicas y que ha habido una revolución en puntos de atención sanitaria y test rápidos, algo que puede ser aplicable a todas las enfermedades y especialmente a las infecciosas». La pandemia nos ha enseñado que es posible descentralizar la atención y las pruebas médicas y que ha habido una revolución en puntos de atención sanitaria y test rápidos La crisis sanitaria causada por la covid-19 ha impactado de forma severa en las estrategias de macro y microeliminación de la hepatitis C en España, provocando un retraso que los expertos estiman en alrededor de un año, pero que consideran que podría recuperarse en pocos meses. Para ello será fundamental el papel de las ciudades. Con la Atención Primaria saturada y volcada en la atención de los pacientes con covid-19, la petición de las pruebas diagnósticas de hepatitis C se ha reducido de forma ostensible, descendiendo prácticamente al mínimo en los meses de impacto más duro de la pandemia e impidiendo por tanto avanzar en la estrategia de macroeliminación (en población general) al ritmo previsto. Además, los esfuerzos en microeliminación (en grupos vulnerables) también se han visto afectados, provocando una menor capacidad de diagnosticar casos nuevos y garantizar la continuidad del tratamiento hasta la curación. Sin embargo, en esta situación provocada por la pandemia, los expertos coinciden en encontrar oportunidades y algunas razones para el optimismo, hasta el punto de queven factible que se pueda avanzar mucho más rápido en los próximos meses. Para ello, consideran, será crucial el ambiente social que se ha generado, mucho más favorable a todos los programas e inversiones en Salud Pública. Y también la implicación de las ciudades (ayuntamientos) que no tienen competencias sanitarias, pero sí manejan las políticas sociales que pueden ser claves especialmente en la estrategia de microeliminación, colaborando con ONGs para acercar los recursos sanitarios a colectivos vulnerables como personas sin techo o consumidores de drogas, normalmente alejadas de la Atención Primaria. María Buti, del Hospital Universitario Vall d’Hebron, incidió en que la mayoría de pacientes con riesgo para la transmisión del virus no pasan por los circuitos sanitarios convencionales, por lo que «hay que buscarlos en las calles». Asimismo, subrayó la importancia de mejorar la notificación de nuevos casos. Del Amo indicó que «tener un registro en España sigue siendo uno de nuestros grandes retos». La mayoría de pacientes con riesgo para la transmisión del virus no pasan por los circuitos sanitarios convencionales, por lo que hay que buscarlos en las calles La hepatitis C es una enfermedad viral crónica para la que no existe vacuna, pero sí un tratamiento que la cura en más del 98% de los casos. En España, desde la aparición de los antivirales de acción directa (ADDs) y gracias al PEAHC (Plan para el Abordaje de la Hepatitis C en el Sistema Nacional de Salud) se han tratado y curado más de 135.000 personas. La hepatitis C es una causa frecuente de cirrosis hepática y cáncer de hígado y es la responsable del 20% de los trasplantes hepáticos en España.

Este es el síntoma de Covid-19 más común en los pacientes que ingresan en el hospital

El síntoma más común en los pacientes de Covid-19 en el momento del ingreso hospitalario es la fiebre (83,9%), seguido de la tos (73,1%), dificultad respiratoria (57,5%), fatiga (43,2%), diarrea (24%), anorexia (19,7%) y anosmia (7,4%). En cuanto al perfil de las personas hospitalizadas por esta infección, más de la mitad (57,2%) son hombres y la edad media es de 69,4 años. Son algunos de los hallazgos del Registro Clínico SEMI-COVID-19, en el que participan más de 19.000 pacientes y 686 investigadores de 150 hospitales. Tras realizar un seguimiento a más de 17.000 pacientes incluidos en este Registro, que fueron dados de alta o fallecieron, se ha podido determinar qué síntomas presentaban al ingreso, cuáles fueron los hallazgos más habituales en la exploración física, tratamientos empleados, así como cuáles fueron las principales complicaciones y su pronóstico. En la exploración física, entre los pacientes hospitalizados en España con Covid-19, fue frecuente encontrar fiebre (52%), ruidos anormales a la auscultación (53,8%), taquipnea (31,5%), taquicardia (24,8%), saturación de oxígeno inferior al 90% (17,9%), confusión (12%) e hipotensión (6,3%). Respecto a las principales complicaciones que se produjeron en las personas ingresadas con coronavirus, se hallan el Síndrome de Distrés Respiratorio Agudo (33,8% de los pacientes), la neumonía bacteriana asociada a mal pronóstico (10,9% de los casos) o la sepsis (6,2%). Asimismo, la tasa global de mortalidad se sitúa en el 20,9%, la de ingreso en UCI en el 8,6% y la de reingreso hospitalario en el 3,8%. El análisis de los datos también ha permitido a los investigadores clasificar a los pacientes Covid-19 en cuatro grupos fenotípicos según el tipo de síntomas y las características clínicas que presentan en el momento de su ingreso hospitalario. Esto puede servir de guía para predecir una mejor o peor evolución. Los pacientes que presentan solo la tríada clásica de fiebre, tos y disnea; aquellos que, además, tienen vómitos y diarrea; o los que sufren artromialgia -dolor en articulaciones y/o músculos-, dolor de cabeza y dolor de garganta son los de peor pronóstico a priori. En cambio, los que presentan síntomas como los de un resfriado común o con clara pérdida de olfato y gusto, son los de mejor pronóstico. Otro de los hallazgos llamativos de una de las investigaciones ligadas al Registro SEMI-Covid-19 es que t ener el azúcar alto en sangre (hiperglucemia), incluso en personas no diabéticas, es un factor de riesgo fuerte e independiente de mortalidad en pacientes Covid-19. Los autores del estudio consideran que la detección de la hiperglucemia en personas sin diabetes y su tratamiento temprano deben ser «obligatorios» en el manejo de pacientes hospitalizados con Covid-19.

La vacuna contra la covid-19 no debe ser obligatoria

Las vacunas son uno de los mayores logros en la historia de la salud pública. Por señalar sólo un par de datos, se calcula que la vacunación masiva ha ahorrado unos 100 millones de contagios de enfermedades infecciosas en Estados Unidos desde 1924, y unas 9 000 muertes de niños entre 1903 y 1992 en los Países Bajos. Introducir medidas coercitivas, a su vez, ha permitido incrementar las tasas de vacunación frente a algunas patologías en varios países europeos. El problema obvio es que toda política coercitiva choca frontalmente con derechos humanos fundamentales, como la libertad o a la integridad física, que sólo deben limitarse cuando haya una buena razón que lo avale. ¿Cuándo podríamos considerar que sucede esto? Julian Savulescu, uno de los expertos en bioética más famosos del mundo, considera que sólo cabe proceder a la vacunación obligatoria cuando se dan cuatro condiciones fundamentales: Hay una amenaza grave para la salud pública. La vacuna es segura y efectiva. Las políticas de vacunación obligatoria muestran una ratio de coste/beneficio superior a otras alternativas. El nivel de coerción impuesto es proporcionado. ¿Se cumplen estas condiciones en el caso de la covid-19? Dando por sentado que la primera sí, es más complejo llegar a conclusiones claras respecto a las demás. Analicemos cada una de ellas. ¿Es la vacuna segura y efectiva? Esta pregunta es difícil de responder ahora mismo con carácter general. Aún estamos por ver los resultados de los ensayos clínicos de Pfizer o Moderna, por ejemplo, que sólo se han aventurado a mostrar notas de prensa. AstraZeneca, por el contrario,los ha publicado abiertamente, pero su producto aún se encuentra en fase de comprobación de seguridad, no de eficiencia. Con todo, no hay razones para sospechar que las vacunas no sean seguras y, aunque su eficiencia tenga todavía que comprobarse más detalladamente, las primeras noticias parecen prometedoras. Ahora bien, siendo eso cierto en general, también lo es que no tenemos datos relevantes respecto a una parte importantísima de la población: los niños. Los ensayos clínicos en esta primera etapa no han incluido menores de edad. No es extraño, ya que habitualmente se demoran las pruebas en niños hasta que no se tiene la certeza de su inocuidad en adultos. No hay razones para sospechar que las vacunas no sean seguras y, aunque su eficiencia tenga todavía que comprobarse más detalladamente, las primeras noticias parecen prometedoras Con todo, eso significa que si procedemos a una vacunación obligatoria de ese colectivo lo haremos asumiendo riesgos superiores a los de otros grupos de población. A mi juicio, esto resultaría éticamente inaceptable teniendo en cuenta que los niños son los que probablemente obtengan menos beneficios de la vacunación, dado que la mayor parte de ellos apenas sufren síntomas relevantes en caso de contraer la enfermedad. Tampoco parece que una política que intente imponer esa vacunación pueda vencer la resistencia de muchos padres, que tienen una obligación especial de proteger a sus vástagos. Hay países, como Japón, Nueva Zelanda o Corea del Sur, que han demostrado que es posible combatir eficientemente la covid-19 sin recurrir a las vacunas ¿Muestran las políticas de vacunación obligatoria una ratio de coste/beneficio superior a otras alternativas? Esa pregunta no puede responderse si no aclaramos previamente de qué coste/beneficio estamos hablando. Si –como deberíamos– introducimos en el cociente la vulneración de derechos fundamentales que la vacunación coercitiva lleva implícita, el resultado será diferente que si no lo hacemos. A mi juicio, para que la obligatoriedad de la vacuna sea justificable, es necesario demostrar que esa violación de derechos produce resultados relevantes en términos de preservación de la salud pública, que difícilmente podrían alcanzarse a través de otras vías. ¿Es ese el caso? Creo que no. Para empezar, hay países, como Japón, Nueva Zelanda o Corea del Sur, que han demostrado que es posible combatir eficientemente la covid-19 sin recurrir a las vacunas. Eso, sin embargo, no es un argumento definitivo. Es fácil señalar que no es lo mismo una cultura oriental que una occidental, una isla que un país tan conectado con otros muchos como el nuestro. No obstante, es posible pensar en combinar algunas de las medidas adoptadas por aquellos países con otras que podrían tener notorio éxito. Ahora contamos ya con herramientas muy poderosas para frenar el virus, que además irán mejorando con el tiempo. Me refiero, por supuesto, a las nuevas pruebas serológicas y de antígenos, que, junto con la posibilidad de realizar PCR en grupo, nos dotan de mucha más capacidad de elaborar estrategias alternativas al confinamiento o la vacunación obligatoria. Si somos capaces de practicar muchas pruebas, podríamos desarrollar certificados de no-infectividad, sin los que sería imposible acceder a los lugares cerrados en los que se producen la mayor parte de los contagios. Eso, a su vez, incentivaría positivamente la vacunación, sin tener que recurrir a la imposición de las restricciones propias de un modelo coercitivo. ¿El nivel de coerción impuesto es proporcionado? La última de las condiciones impuestas por Julian Savulescu viene a reforzar en gran medida la opción por una vacunación voluntaria, si tenemos presente el principio de proporcionalidad entre la fuerza empleada y el resultado esperable. Más razonable sería comenzar con un modelo de administración voluntaria, combinado con las medidas ya mencionadas de pruebas constantes, que nos permitiera ir disminuyendo las perspicacias frente a las vacunas Obviamente, un modelo coercitivo tiene la ventaja de que permitiría acercarnos mucho más al objetivo de la inmunidad de grupo. Sin embargo, esto difícilmente se conseguiría sin introducir medidas sancionatorias, como las multas, o la privación de acceso a muchos servicios, o una combinación de ambos. No parece que sea proporcionado. Más razonable sería comenzar con un modelo de administración voluntaria, combinado con las medidas ya mencionadas de pruebas constantes, que nos permitiera ir disminuyendo las perspicacias frente a las vacunas, a la par que pulsar el auténtico estado de la opinión pública y, llegado el caso, alterarlo a través de políticas de información y educación bien planteadas. Iñigo De Miguel Beriain: Investigador distinguido Facultad de Derecho. Ikerbasque Research Professor, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea ESte articulo ha sido publicado en The Conversation. La versión original de este artículo fue publicada en la revista digital Campusa, que recoge noticias destacadas de la UPV/EHU.<img src="https://counter.theconversation.com/content/150982/count.gif?distributor=republish-lightbox-advanced" alt="The Conversation" width="1" height="1" style="border: none !important; box-shadow: none !important; margin: 0 !important; max-height: 1px !important; max-width: 1px !important; min-height: 1px !important; min-width: 1px !important; opacity: 0 !important; outline: none !important; padding: 0 !important; text-shadow: none !important" />

El vínculo entre el coronavirus y el colesterol abre una vía de tratamiento para Covid-19

¿Por qué por qué las personas con covid-19 y un trastorno metabólico como diabetes o enfermedad cardiovascular tienen tasas elevadas de morbilidad y mortalidad? La enfermedad causada por el coronavirus es especialmente agresiva en este grupo de personas, además de las personas de mayor edad, que sigue siendo el factor de riesgo más determinante. Ahora, un estudio que se publica en Nature Metabolism afirman haber encontrado las causas de encarnizamiento del coronavirus y, lo más interesante, apunta a nuevas dianas terapéuticas. Durante la infección por SARS-CoV-2, la proteína de pico del virus se une a un receptor de la célula huésped llamado enzima convertidora de angiotensina 2 (ACE2). Pero en este estudio, realizado en cultivos celulares, el equipo del Instituto de Biotecnología de Beijing (China), Hui Zhong identifican el papel de otro receptor, llamado receptor eliminador de HDL B tipo 1 (SR-B1), que se expresa en varios tejidos, incluidas las células pulmonares humanas. El virus parece secuestrar la maquinaria de captación de colesterol de la célula para facilitar la entrada en las células huésped Este receptor, en situaciones normales, se une a lipoproteínas de alta densidad (HDL, también conocido como «colesterol bueno«»). Sin embargo, en este trabajo, la proteína del pico viral se unió al colesterol, y la expresión de SR-B1 y la presencia de HDL juntas ayudaron al virus a unirse y entrar en las células que expresan ACE2. Los investigadores explican que el virus parece secuestrar la maquinaria de captación de colesterol de la célula para facilitar la entrada en las células huésped; sin embargo, cuando los autores bloquearon esta vía con un anticuerpo monoclonal o un antagonista farmacológico específico de SR-B1, el aumento de la infección viral mediado por HDL estaba ausente. Los autores concluyen que el estudio destaca una posible conexión molecular entre covid-19 y el colesterol, y sugieren que los medicamentos que se dirigen a SR-B1 pueden ayudar a limitar la infección por SARS-CoV-2.

El ingrediente oculto en el cacao que mejora la agilidad mental

Aumentar el consumo de flavanoles, un tipo de flavonoides (antioxidantes) presentes de forma natural en los alimentos y bebidas vegetales como frutas y verduras, cacao o té, puede aumentar tu agilidad mental, según una nueva investigación de la Universidad de Birmingham. Un equipo de la Facultad de Ciencias del Deporte, el Ejercicio y la Rehabilitación de esta universidad ha descubierto que las personas a las que se les dio una bebida de cacao que contenía altos niveles de flavanoles podían completar ciertas tareas cognitivas de manera más eficiente que cuando tomaban una bebida no enriquecida con estos antioxidantes. Los participantes del estudio también se sometieron a pruebas de imagen no invasivas para medir los niveles de oxigenación de la sangre en el cerebro. Junto con expertos de la Universidad de Illinois, los investigadores demostraron que los participantes que habían consumido la bebida rica en flavanol produjeron un aumento mayor y más rápido en los niveles de oxigenación de la sangre como respuesta a los niveles artificialmente elevados de CO2 (hipercapnia). Los flavanoles, un subgrupo de flavonoides vegetales, están presentes en el cacao, uvas, manzanas, té, bayas y otros alimentos. Se sabe que tienen un efecto beneficioso sobre la salud cardiovascular, pero sus efectos sobre la salud cerebral no se comprenden bien. Este estudio, publicado en «Scientific Reports», es el primero que investiga los efectos cognitivos de los flavanoles en sujetos jóvenes y sanos y el vínculo con la oxigenación de la sangre del cerebro. «Usamos cacao en nuestro experimento, pero los flavanoles son extremadamente comunes en una amplia gama de frutas y verduras. Al comprender mejor los beneficios cognitivos de comer estos grupos de alimentos, así como los beneficios cardiovasculares, podemos ofrecer una mejor orientación a las personas sobre cómo aprovechar al máximo sus elecciones dietéticas», explica la doctora Catarina Rendeiro, de la Facultad de Ciencias del Deporte, el Ejercicio y la Rehabilitación de la Universidad de Birmingham, y autora principal del estudio. En el estudio, 18 participantes masculinos sanos de entre 18 y 40 años se sometieron a un procedimiento que implica respirar dióxido de carbono al 5%, aproximadamente 100 veces la concentración normal en el aire, produciendo un efecto llamado hipercapnia. Cada participante se sometió a la prueba antes y después de beber una bebida de cacao en dos ocasiones y en una de esas ocasiones, la bebida se enriqueció con flavanoles. Después de la prueba de dióxido de carbono, se pidió a los participantes que completaran una serie de pruebas cognitivas progresivamente complejas. Los investigadores encontraron que los participantes que habían tomado la bebida enriquecida con flavanoles tenían los niveles más altos de oxigenación sanguínea en respuesta a la hipercapnia, alcanzando niveles hasta tres veces más altos que los participantes que bebían la bebida no enriquecida. También lograron estos niveles elevados un minuto más rápido que los participantes que bebieron el cacao no enriquecido. En las pruebas cognitivas, los investigadores encontraron diferencias significativas en la velocidad y precisión con la que los voluntarios completaron las tareas de mayor complejidad. Los que habían tomado la bebida enriquecida con flavanoles realizaron las tareas un 11 por ciento más rápido en promedio. «Nuestros resultados mostraron un beneficio claro para los participantes que tomaron la bebida enriquecida con flavanoles, pero solo cuando la tarea se volvió lo suficientemente complicada», explica la doctora Rendeiro. «Podemos vincular esto con nuestros resultados sobre la mejora de la oxigenación de la sangre: Si se enfrenta más a desafíos, el cerebro necesita mejores niveles de oxígeno en sangre para manejar ese desafío. También sugiere que los flavanoles podrían ser particularmente beneficiosos durante las tareas cognitivamente exigentes», concluye la autora principal. Los investigadores también se dieron cuenta de un resultado adicional. Dentro de la cohorte del estudio, hubo un pequeño grupo que no se benefició en absoluto de la bebida enriquecida con flavanoles en términos de niveles de oxigenación sanguínea y que tampoco obtuvo ningún beneficio cognitivo. Para empezar, se demostró que este grupo tenía altos niveles existentes de respuestas de oxigenación cerebral que no aumentaron más al beber el cacao enriquecido. «Esto puede indicar que algunos individuos, que quizás ya están muy en forma, tienen poco margen de mejora», explica la doctora Rendeiro. «El pequeño grupo de participantes que no reaccionó al flavanol nos brinda evidencia adicional para confirmar el vínculo entre una mayor oxigenación de la sangre del cerebro y la capacidad cognitiva», agrega la investigadora.

Una terapia para la apnea obstructiva del sueño salva vidas en pacientes con Covid-19

La presión positiva continua en las vías respiratorias (CPAP en inglés), un tratamiento común para la apnea obstructiva del sueño, está demostrando ser capaz de salvar vidas en pacientes hospitalizados con covid-19. La presión positiva continua en las vías respiratorias en los primeros días de hospitalización, señala Luigi Sedda, de la Universidad de Lancaster (Inglaterra), «parece salvar entre un 10% y un 20% de los pacientes». Sin embargo, advierte el autor del estudio que se publica en BMJ Respiratory Open, «es importante subrayar se trata de un estudio piloto con un tamaño de muestra pequeño». Se estima que un porcentaje muy elevado de las personas que fallecen a causa del covid-19 tenían, al menos una afección de salud grave, y la mayoría tienen más de 80 años. La investigación, en el caso de pacientes con síndrome respiratorio agudo severo, la covid-19 puede hacer que los pulmones se inflamen y colapsen. El tratamiento con la técnica de la presión positiva continua en las vías respiratorias, que a menudo se usa en el hogar para ayudar a las personas con problemas de sueño, ayuda a mantener los pulmones abiertos y facilita la respiración. El tratamiento con la técnica de la presión positiva continua en las vías respiratorias, que a menudo se usa en el hogar para ayudar a las personas con problemas de sueño, ayuda a mantener los pulmones abiertos y facilita la respiración La investigación realizada mostró cómo el tratamiento con CPAP se puede administrar de manera efectiva en un entorno de sala, con pocos recursos tanto en todo el país como en todo el mundo, donde la disponibilidad de camas de cuidados intensivos es limitada. Hasta ahora, la investigación ha ayudado a casi un centenar de pacientes en la Royal Albert Edward Infirmary. «Cuando se usa CPAP al principio del ingreso en el hospital, se evita que el paciente empeore y, por lo tanto, se evitan las técnicas de ventilación invasivas. Como la CPAP está disponible y se puede usar en una sala, hemos demostrado que cuando temprano, puede ser una forma muy eficaz de tratar la neumonía grave por covid-19», coordinador del estudio. Los investigadores también encontraron que el uso temprano de CPAP reduce potencialmente el daño pulmonar durante la peor fase de la infección por covid-19 y permite que el paciente se recupere de los efectos inflamatorios. Sin embargo, cuando se usa más tarde, la técnica no previene el daño pulmonar, lo que conduce a una inflamación y una reducción de las posibilidades de supervivencia.

¿Cómo afecta la covid-19 a las mujeres embarazadas?

Durante el embarazo, la madre experimenta importantes cambios a nivel anatómico, inmunológico y fisiológico para garantizar el adecuado desarrollo del feto. En particular, el sistema respiratorio se ve afectado por los altos niveles de estrógenos y progesterona, así como por la disminución del espacio para la expansión pulmonar. Esto hace que las embarazadas sean más susceptibles a las infecciones por patógenos respiratorios y tiendan a desarrollar una enfermedad más grave en estos casos. Pero hay más. En el caso concreto de la covid-19, el primer paso de la infección consiste en la unión del SARS-CoV-2 a una proteína que está en la superficie de la célula humana que se denomina enzima convertidora de angiotensina 2 (ACE2, por sus siglas en inglés). Curiosamente, los niveles de esta enzima en las células de la placenta y diversos tejidos fetales son altos. Esto tiene sentido, puesto que ACE2 promueve el establecimiento de un estado antiinflamatorio, vasodilatador y antitrombótico que favorece la implantación y desarrollo del feto. Sin embargo, los altos niveles de ACE2 también pueden favorecer la infección por el SARS-CoV-2. Más paradojas. Cuando el SARS-CoV-2 infecta, hace que bajen los niveles de ACE2, lo cual puede dar lugar a vasoconstricción, inflamación y coagulopatías que pueden poner en peligro el embarazo. En definitiva, además de afectar a los pulmones, la infección por SARS-CoV-2 en mujeres embarazadas podría extenderse a los tejidos de la interfaz materno-fetal y dar lugar a importantes complicaciones que pongan en riesgo el normal desarrollo del feto. Buenas noticias A pesar de todo, los datos que hay hasta ahora indican que la mayoría de embarazadas con covid-19 sufren una enfermedad leve, en contraste con lo que se había visto previamente con otros coronavirus severos (SARS-CoV y MERS). Así, mientras que los ingresos en UCI de embarazadas con SARS-CoV y MERS alcanzaron proporciones del 60 % y 64 %, respectivamente, con este SARS-CoV-2 es del 4 %. Por otro lado, mientras que las tasas de mortalidad en embarazadas con SARS-CoV y MERS fueron del 15 % y 27 %, respectivamente, la del SARS-CoV-2 es, hasta ahora, del 0,1 %. No se sabe muy bien a qué se deben esas diferencias entre coronavirus, pero parecen estar relacionadas con la distinta respuesta inmune que provocan en las embarazadas. En el caso del SARS-CoV y el MERS es proinflamatoria y, en el caso del SARS-CoV-2 antiinflamatoria. No obstante, un análisis de aproximadamente 400 000 mujeres de entre 14 y 44 años con covid-19 ha mostrado que las mujeres embarazadas tienen mayor probabilidad de ser ingresadas en UCI, necesitar ventilación asistida, y de morir que las no embarazadas. Aun así, los autores señalan que el riesgo absoluto es “bajo”, por mucho que sea algo superior al de las mujeres no embarazadas. La trasmisión del virus al feto es rara Actualmente hay un intenso debate sobre si el SARS-CoV-2 puede ser trasmitido de la madre al feto. Los estudios indican que esa transmisión, de producirse, sería poco frecuente. Una revisión reciente sobre 49 estudios científicos que han analizado 666 neonatos puso de manifiesto que sólo el 3-5 % de niños recién nacidos de madres infectadas fueron positivos para el SARS-CoV-2. La leche materna no contiene virus y sí anticuerpos neutralizantes Otro debate es el de si una madre con covid-19 debe dar de mamar al niño o no por el posible riesgo de transmisión del virus a través de la leche. Aunque no se puede descartar, los datos de los que se dispone indican que no hay virus en la leche materna y que, por el contrario, esta suele contener altos niveles de anticuerpos. Sobre todo, de los que se denominan inmunoglobulinas del tipo A (IgA), capaces de neutralizar al virus y que, por lo tanto, podrían proteger al recién nacido de la infección. En este asunto, la preocupación más importante es la posible transmisión del virus de la madre al bebé a través de gotitas respiratorias o contacto directo durante el amamantamiento. Sin embargo, un estudio reciente indica que la infección en los recién nacidos es poco común, raramente sintomática y la probabilidad de infectarse no es mayor en niños que maman que en los que no maman. En cualquier caso, para reducir esta posibilidad, lo recomendable es seguir las normas básicas de higiene que evitan la transmisión entre personas, entre ellas, lavarse las manos antes de tocar al bebé, limpiar cualquier utensilio o superficie que se vaya a usar, y ponerse mascarilla durante el amamantamiento. En definitiva, no hay que perder de vista que, aunque las mujeres embarazadas suelen sufrir una covid-19 moderada, tienen más probabilidad que las no infectadas de experimentar complicaciones serias durante el embarazo. Por otro lado, las barreras naturales que impiden la transmisión viral de la madre al hijo parecen funcionar en el caso del SARS-CoV-2. La lactancia materna tendría, por tanto, más ventajas que inconvenientes si se observan medidas de higiene sencillas. *Científico Titular de OPIs, Instituto de Salud Carlos III, **Investigador Científico de OPIs, Instituto de Salud Carlos III Artículo publicado en THE CONVERSATION.ES <img src="https://counter.theconversation.com/content/150661/count.gif?distributor=republish-lightbox-advanced" alt="The Conversation" width="1" height="1" style="border: none !important; box-shadow: none !important; margin: 0 !important; max-height: 1px !important; max-width: 1px !important; min-height: 1px !important; min-width: 1px !important; opacity: 0 !important; outline: none !important; padding: 0 !important; text-shadow: none !important" />

Diabetes, la enfermedad crónica que aumenta el riesgo de Covid-19 grave

La diabetes es una patología crónica silenciosa que afecta a aproximadamente el 14% de la población, aunque casi la mitad no la tiene diagnosticada. «Los síntomas clásicos son tener mucha sed, mucho apetito, orinar mucho y perder peso, pero es una enfermedad que en los primeros estadios es muy poco sintomática. A la mayoría de los pacientes los diagosticamos de forma precoz sin que estén presentes los síntomas mediante análisis de sangre», advierte el doctor Esteban Jódar, jefe del servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital Universitario Quirónsalud Madrid. Esta descompensación del azúcar en sangre es más frecuente en pacientes que presentan obesidad abdominal, hipertensión e hiperlipidemia (niveles elevados de grasa en la sangre). El control de la diabetes es fundamental porque, si no se trata, «se duplica el riesgo de sufrir problemas cardiovasculares (infarto, ictus, pie diabético, insuficiencia cardiorenal)» y también pueden producirse «daños en las arterias pequeñas», lo que puede desembocar en retionopatía diabética (primera causa de ceguera en países occidentales), nefropatía diabética (primera causa de fallo renal crónico), neuropatía y alteraciones de todo tipo del sistema nervioso autónomo, explica el doctor Jódar. Ahora, más que nunca, es importante tener un diagnóstico y cumplir con el tratamiento. La diabetes es una de las comorbilidades más frecuentes en personas con Covid-19. La prevalencia varía ampliamente según las series publicadas, pero se estima que se sitúa entre el 7 y el 30%. Aunque no está demostrado que los pacientes diabéticos se infecten más, sí tienen más probabilidades de tener un peor pronóstico si se contagian. «La diabetes aumenta la gravedad y mortalidad de la enfermedad, de forma que las personas con diabetes y/o hiperglucemia no controlada tienen más del doble de probabilidades de ser ingresadas en unidades de cuidados intensivos y la mortalidad es hasta tres veces mayor en comparación con los pacientes sin diabetes y/o hiperglucemia no controlada», apunta el doctor Antonio Pérez, presidente de la Sociedad Española de Diabetes (SED). Dieta, ejercicio y medicación Precisamente, un reciente estudio liderado por internistas españoles y vinculado al Registro Clínico SEMI-COVID-19 de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI), apunta a que tener el azúcar alto en sangre (hiperglucemia), incluso en personas no diabéticas, es un factor de riesgo fuerte e independiente de mortalidad en pacientes Covid-19. «En estos momentos las personas con diabetes tienen que estar tan controladas como sea posible con dieta, ejercicio y la medicación prescrita porque el pronóstico del Covid-19, si hay contagio, será mejor», añade el doctor Jódar. En diabetes es muy importante el seguimiento y la educación del paciente en el control de su enfermedad y las circunstancias actuales lo han puesto bastante difícil. En los peores meses de la pandemia se suspendieron las visitas presenciales y no en todos los casos se pudieron mantener las consultas telefónicas. «Hay pacientes que tienen sistemas de autocontrol en casa y pueden detectar descompensaciones y consultar. El gran problema son los que no pueden monitorizarse en casa y no saben si están bien controlados porque dependen de las analíticas y la visita al especialista», advierte el doctor Antonio Pérez. Ahora se intenta recuperar ese tiempo perdido, pero todavía no se ha vuelto a la absoluta normalidad. «Tenemos que recuperar las visitas. Si no se hacen analíticas, no habrá diagnóstico y, cuando se detecte, la situación será más grave», señala el presidente de la SED. La buena noticia en diabetes tipo 2 es que es una patología muy ligada al estilo de vida, por lo que, si nos cuidamos, podemos prevenirla. Nunca es tarde para mejorar los hábitos. «Si no hubiera obesidad, el 70-80% de las personas que tienen diabetes no la tendrían», asegura el doctor Antonio Pérez, quien añade otro dato: «Solo reduciendo el 5% del peso, las personas con predisposición disminuirían su riesgo en un 60%». Reducir la ingesta calórica, evitar los azúcares refinados y las grasas poco saludables, y salir a caminar cada día son claves para prevenir la aparición de esta enfermedad.
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